Mostrando entradas con la etiqueta La muerte.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La muerte.. Mostrar todas las entradas

21 de noviembre de 2011

El significado de la muerte

http://despuesdelamuerte.com/wp-content/uploads/2011/06/vida-despues-de-la-muerte.jpg
"Morir es un cambio de existencia, y para el alma una migración de este mundo hacia otro". Sócrates.

“El cuerpo es la prisión del espíritu, de la que escapa con la muerte”. Platón



INTRODUCCIÓN

Desde que el hombre es tal, la muerte ha sido objeto de temor y de ritualidad. El hombre, cuando desarrolló la mente simbólica, comenzó a tomar consciencia del significado de la muerte, y eso ocurrió hace mucho tiempo. Pero como tales, las primeras sepulturas datan del Neolítico, hace 10.000 años. En ese período de tiempo, a los muertos se les asegura una estancia estable y protegida; se tapiaban las grutas en las que el cuerpo era depositado bajo túmulos, dólmenes o monumentos funerarios que son, en cierto modo, los primeros cementerios.

Para la mayoría de las religiones, la muerte es un proceso inevitable y natural que forma parte de la vida. Para los Esenios en particular, el cuerpo es corruptible mientras que el alma es inmortal e imperecedera. De este modo, la muerte libera el alma de la prisión material.

Judíos, cristianos y musulmanes, comparten la creencia en una supervivencia del alma después de la muerte. En la religión hindú. Los fieles de esta creencia están convencidos de la transmigración de las almas, cuando muere el cuerpo, el alma sigue con vida y encarna en otro mortal, planteando así el dogma de la rueda de reencarnaciones. Algo parecido ocurre en el budismo.

Los egipcios, hacían gala de un complejo ritual en relación a la muerte. Más apegados a lo material, sentían que era necesario proteger el cuerpo de forma minuciosa, razón por la cual desarrollaron el proceso de momificación. Así, se protegía al muerto de cara a un largo viaje para el cual, al finado le colocaban amuletos protectores.

En África, la muerte es vista como una etapa de renovación del hombre, un camino hacia el más allá, que es un lugar de tránsito. La mayoría de las tribus reconocen la transmigración; no retienen al difunto, sino que le autorizan a regresar a la tierra e iniciar un nuevo círculo vital.

Es sorprendente saber que sólo las comunidades cristianas, judías y musulmanas disponen de cementerios propios. En otras culturas se deshacen de las víctimas. Por ejemplo, en la India o en el Nepal, "arrojan las cenizas de los cuerpos que antes han incinerado al río Benarés". Por aquellos lugares, la cremación es una práctica común, síntoma quizá del desapego por lo material, quizá a consecuencia de la creencia en la transmigración de las almas. Si es así, qué importa el destino de lo material.



LA MUERTE COMO PROCESO BIOLÓGICO - ESPIRITUAL

La humanidad comparte el concepto de la muerte como un proceso biológico natural que se manifiesta con el cese de las funciones vitales del ser humano, pero una visión más amplia nos permite concebirla también, como un proceso espiritual mediante el cual el espíritu abandona el cuerpo físico para continuar viviendo en otro plano o dimensión.

Según la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, en su libro "La muerte un amanecer", en el cual expone largos años de experiencias, expresa que:

"La muerte es sólo un paso más hacia una forma de vida en otra frecuencia. (...) la experiencia de la muerte es casi idéntica a la del nacimiento. Es un nacimiento en otra existencia... la muerte no es más que el abandono del cuerpo físico, es el paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa experimentando, viendo, oyendo, comprendiendo, riendo y en el que se tiene la posibilidad de continuar creciendo".

Luego del desprendimiento del cuerpo, el alma o espíritu atraviesa un período de "convalescencia", para recuperar sus fuerzas de espíritu libre de la materia. La lucidez de las ideas y la memoria de su vida retornan muy lentamente, de acuerdo con su grado de superioridad espiritual o elevación. En este momento de "despertar" al mundo o plano espiritual, el espíritu nunca se encuentra solo: es asistido o recibido por su Ángel Guardián o Espíritu Protector y espíritus familiares a los que unió en vida el amor, clara expresión del cumplimiento de la Ley de Solidaridad Universal entre ambos planos. Sea cual sea la condición del espíritu, siempre se hallará contenido por esos seres espirituales que se encuentran ocupados y preocupados por su proceso evolutivo.

En este nuevo mundo o planos, siempre apoyado por otros espíritus más evolucionados que él, repasa su vida, analiza sus errores y sus aciertos, ve, oye y se comunica a través del pensamiento y del sentimiento en forma directa, trata de intuir y apoyar a aquellos seres que dejó en la materia, porque el amor y el afecto conquistado son vínculos que no se interrumpen o destruyen con la separación física. A este mundo espiritual podríamos definirlo como imponderable porque no es mensurable por lo humano o material y en él, el espíritu deberá aprender a desplazarse sin el peso del cuerpo o la atracción de la ley de gravedad.

A pesar de todo esto, el dolor ante la muerte de un ser querido es inevitable, porque implica una separación transitoria y el dejar de experimentar la sensación física de su presencia y ello, naturalmente, deja un hueco que lleva un tiempo poder recomponer. Conocer y saber más sobre este proceso común en la vida de todo ser humano puede ayudar a encarar el tema desde otra óptica, más amplia y evolucionista de la vida.

El Dr. Rubén Bild, especializado en la disciplina que se ocupa del fenómeno de la muerte en sí, como un proceso más del ciclo vital del individuo y de los fenómenos psíquicos que se producen frente a la misma, manifiesta que:


"La muerte es un tema eludido, soslayado, negado por nuestra sociedad moderna, que ha hecho un culto de la juventud. Olvidamos que es una parte de la existencia, como el nacer y que también en esa etapa final puede haber crecimiento y desarrollo. No es una enfermedad (...) ni una prisión de la que debemos escapar. Los que han tenido la fortuna de que la muerte les avisara su llegada por anticipado, tuvieron una posibilidad más de llegar a ser, en esos postreros momentos, plenamente humanos".



LA INMORTALIDAD DEL ALMA

El conocimiento espiritual comparte con otros saberes y doctrinas, la seguridad de que el espíritu es inmortal y que guarda en sí todos los sentimientos cultivados en la vida material, porque estos no conocen de fronteras y límites terrenos.

Sin dudas, nos sentiremos más tranquilos y serenos al saber que cuando el espíritu recobre sus fuerzas en el mundo espiritual, podrá asistirnos mediante la intuición, la fortificación a nuestras luchas, acompañando nuestros pensamientos y sentimientos, siempre que nos predispongamos en la reflexión serena a recibir su ayuda. Podremos percibirlos entonces, de otra manera, y la calma y la conformidad que vayamos logrando a medida que transcurra el tiempo nos ayudará y ayudará también al ser que dejó el plano material a conseguir la suya.

La fe en Dios y en la misericordia de sus leyes que nos guían y protegen, aunque no siempre podamos razonarlas, nos darán más serenidad y entrega para saber que la muerte es sólo el comienzo de otra vida más plena, donde nos reencontraremos, en algún momento, con quienes luchamos, vivimos y amamos, para seguir aprendiendo y progresando.

La certeza de la supervivencia del espíritu luego de la muerte del cuerpo físico, constituye una realidad trascendente al aportar conocimientos sobre la inmortalidad del alma y lleva serenidad y confianza en los procesos de la evolución. Así lo expresa, la primera de las máximas de LAS TRES GRANDES VERDADES DEL MASÓN: “El Alma del hombre es inmortal y su porvenir es el destino de algo cuyo crecimiento y esplendor, no tiene limites”.

Significando lo anterior, que para el Masón, la MUERTE, como fin material de todos los Seres, en el plano de existencia material–terrenal, da origen al NACIMIENTO de una NUEVA VIDA; es decir, de una Esencia Espiritual que JAMÁS DESAPARECE, y además es susceptible de continuar progresando, de conformidad con el nivel de los planos en cuyo medio se desarrolla.



LA MUERTE INICIÁTICA

Para Rene Guénon, en su libro “Apercaciones sobre la Iniciación”, la palabra muerte, debe ser entendida en su sentido más general, como un cambio de estado, cualquiera que sea, es a la vez una muerte y un nacimiento, según que se considere por un lado o por el otro: muerte en relación al estado antecedente, nacimiento en relación al estado consecuente. En la iniciación masónica, que es una muerte iniciatica, se describe como un segundo nacimiento, lo que es en efecto; pero este segundo nacimiento, implica necesariamente la muerte al mundo profano. Esta muerte simbólica, es como una suerte de recapitulación de los estados antecedentes, por la que las posibilidades que se refieren al estado profano serán definitivamente agotadas, a fin de que el ser pueda desarrollar desde entonces libremente las posibilidades de orden superior que lleva en él, y cuya realización pertenece propiamente al dominio iniciático. Muerte y nacimiento, permite el paso del orden profano al orden iniciático.

Esto puede ser entendido como una regeneración psíquica; y es en efecto en el orden psíquico, es decir, en el orden donde se sitúan las modalidades sutiles del estado humano, donde deben efectuarse las primeras fases del desarrollo iniciático; pero éstas no constituyen una meta en sí mismas, y no son todavía más que preparatorias en relación a la realización de posibilidades de un orden más elevado, queremos decir, del orden espiritual en el verdadero sentido de esta palabra.

El neófito muere a la vida profana para renacer a una nueva existencia, santificada, renace igualmente a un nuevo ser que hace posible el conocimiento, la conciencia y la sabiduría. El iniciado no es solamente un recién nacido: es un hombre que sabe, que conoce los misterios, que ha tenido revelaciones de orden metafísico. Muere a viejos rencores, odios y otros vicios, adaptándose a los cambios, renunciando al ego. Al igual que en la muerte física, se entregan a la gracia de lo superior, constantemente, para renacer.

Dejan lo viejo sin dolor y toman lo nuevo con naturalidad. Viven en el reino de la razón y la actividad mental. Tienen capacidad de conectarse con energías ancestrales para esclarecer situaciones. Son serviciales, muy responsables y exigentes consigo mismos, con gran capacidad de perdón, de olvido, de transformación y auto sacrificio, poseen una gran sensibilidad, seguridad consciente y conciencia de comunidad.

La muerte simbólica, atiende el llamado, a la entrega, y al de dejar ir las cosas. La entrega es lo opuesto al abandono, es liberarse del deseo de querer controlar las cosas, y dejar ir tus ideas y esquemas del pasado que limitan las posibilidades. La entrega es liberarse de las ataduras de la acción preconcebida para que puedas vivir una vida más inspirada, sin creencias limitadoras. La muerte simbólica revela el ser, el verdadero ser, al podar las partes innecesarias. Busca nuevas maneras de ser, nuevas ideas y nuevas direcciones que ocupen el vacío que has creado con tu entrega y liberación. Siente el bálsamo de perdonar que es intrínseco con el reino de la muerte. Deja ir las cosas, y en acto de dejarlas ir, el universo te renueva con nueva Vida.



CONCLUSIÓN

De lo anterior y sin temor a equivocarse, se puede concluir que los hombres mueren, pero no perecen, sino que de nuevo comienzan a vivir. La fuerza vital en indestructible, subsiste más allá de la muerte. Estamos sometidos a un constante proceso de transformación, todo cambia e inclusive puede ser destruido, pero siempre se conserva la fuerza vital a la cual debe su existencia; lo eterno, aquello que no puede desaparecer, pues una y otra vez vuelve a resurgir en forma distinta, se renueva y vuelve a nacer. La propia idea de la vida contiene ya el germen de la muerte y se expresa en un principio dualista. La idea de la resurrección humana se basa en la reaparición de los astros después de que han descendido detrás del horizonte al mundo de los muertos.

Esta enseñanza que todos los días nos lo hace vivir el propio Sol, naciendo incansablemente por oriente y muriendo indefectiblemente por el poniente; permanentemente siguen este ciclo cósmico del nacer y el morir - morir y nacer. "Ni la naturaleza ni el hombre están condenados a la muerte eterna. Las fuerzas de la resurrección actúan: el sol reaparece cada mañana después de haber pasado la noche. Muere y renace; del mismo modo que la luna desaparece del cielo y reaparece al ritmo de sus fases. La muerte y la vida son dos aspectos de una misma realidad. La vida brota de la muerte, como la pequeña planta, del grano que se descompone en el seno de la tierra.

La muerte no es real, incluso en el sentido relativo -no es sino nacimiento a una nueva vida- es ir adelante, y adelante, y adelante, a planos de vida superiores y más altos todavía, por eones sobre eones de tiempo.  El universo es nuestro hogar, y con la muerte, solo estaremos explorando sus más alejados escondrijos antes del fin del tiempo. Estamos habitando en la mente infinita del TODO, y nuestras posibilidades y oportunidades son infinitas, tanto en tiempo como en espacio.  Y al final del gran ciclo de eones, cuando EL TODO atraiga de vuelta hacia sí todas sus creaciones, iremos contentos, pues entonces seremos capaces de conocer toda la verdad de ser uno con EL TODO. Tal es el dictamen de los iluminados -aquellos que han avanzado mucho a lo largo del sendero.

Entendamos pues la muerte QQ∴ HH∴, como la metamorfosis del gusano de seda en una mariposa; como el proceso donde el individuo se deshace de su cubierta exterior, que le ha servido durante su vida terrenal por los años de su existencia.

Tal como dice Isabel Allende en "Cuentos de Eva Luna"
EN
"... La muerte, con su ancestral carga de terrores, es sólo el abandono de una cáscara ya inservible, mientras que el espíritu se reintegra en la energía única del cosmos..."

Es todo…
Ernesto Márquez, M∴ M∴

Vall∴ de Caracas, a los 21 días del mes de noviembre de 2005 de la e∴ v∴

Un poco de historia


Calculo de vidas pasadas :

El ser humano a lo largo de la historia a considerado que la muerte es un paso al más allá. A su vez las distintas religiones mantienen la teoría que el mundo espiritual es tan real y palpable, como el mundo material. Por los testimonios, no por creencias o tradiciones, de personas que afirman haber muerto y regresado de manera conciente al útero materno, los yoguis tibetanos aseguran que los vivos proceden de los muertos. Las religiones occidentales tienen una concepción muy distinta de la muerte, consideran que la vida del más allá es espiritual y se sostiene eternamente, basada en las acciones que se han realizado en la vida terrenal. Por eso aquellos que llevaron una vida de codicia, de odio y de rencor serán relegados al mundo de las tinieblas, donde se liberarán de sus culpas, mientras que los que hayan llevado una vida justa y honrada, se ganarán el cielo.

Creencia egipcia:

Para los egipcios el mundo del más allá, el mundo de los muertos, es como un desierto dividido por un extenso río que corre a lo largo de unos 30 kilómetros de tierra cultivable, muy similar al Valle del Nilo, lugar donde ellos vivían. Del mismo modo que el Egipto faraónico, el mundo inferior llamado Duat, comprendía doce regiones. Cada una de ellas se relaciona con una de las doce horas de la noche. Estas doce regiones estaban habitadas por una gran cantidad de dioses, espíritus y muertos ordinarios. Estaban separadas por portones, cuidados por serpientes alzadas sobre su cola, atentas y ocultas, para evitar ser sorprendidas por insólitos muertos.
Los egipcios representaban al alma con la forma de un pájaro que tenía la cara del muerto. Esta alma voladora dejaba momentáneamente el cuerpo privado de su vida. Luego, el alma pájaro, regresaba a visitar a los familiares, y se las veía en los jardines y los árboles que se encontraban a la orilla del río Nilo. Su existencia se debía a las atenciones materiales y a la piedad que les ofrecían los vivos, ya que esta alma, viajera y apta para la felicidad, debía ser nutrida y colmada de obsequios. Si los muertos eran olvidados por los vivos, se convertirían en Bennu, un pájaro de los estanques, que volvería a la casa terrenal para atemorizar a quienes debían haberlos alimentado.

Creencia Hindú:

Para los hindúes, luego de la muerte, el alma pasa de la forma temporal al plano astral, para luego formar parte de otro cuerpo que puede corresponder a un ser humano, un animal, un insecto o inclusive una planta. El karma de cada uno determinará el cuerpo en el que se materializará el alma. Las acciones, buenas o malas, que se han realizado durante nuestra vida, determinará el karma de cada uno. Por eso si durante la vida se ha seguido por el camino del mal, el alma se reencarnará, como castigo, en un ser inferior, mientras que si se ha seguido una vida virtuosa, el alma, se reencarnará en un ser noble y perfeccionado. Según los hinduistas, las almas se reencarnarán tantas veces como sea necesario, hasta liberarse por completo del karma, y así perder el interés por la vida corporal. Luego el alma se disolverá en el Nirvana o se ligará con el Brahma.
También esta religión, sostiene que llegará un día en que el hombre no existirá más en la tierra, como cuando en un tiempo remoto no existía en el planeta.
Así como el hombre fue evolucionado, desde las formas más primitivas, como las plantas y los peces, llegará un día en el que se convertirá en un súper hombre, un ser superior. El ser humano se encuentra influenciado por las fuerzas cósmicas, y está en plena etapa de evolución. Las fuerzas cósmicas cambiarán la naturaleza actual del hombre, y de esa alma que surgió en un principio, no quedará nada humano.

Creencia de los lamas Tibetanos:

Los tibetanos llaman Bardo al estado después de la muerte de las personas. Éstas, después de la muerte, se hallan en un estado de trance, que dura aproximadamente tres o cuatro días, durante este tiempo, se separa el cuerpo del plano humano. Esta etapa es el primer Bardo, que es llamado Chikkai Bardo o estado transitorio del período del fallecimiento, es acá donde aparece la Clara Luz, que es percibida por el alma en forma kármica, sin capaz de reconocerla aún. El período donde el alma empieza a percibir y reconocer su nuevo entorno, es el segundo Bardo, llamado Chönyid Bardo o Estado transitorio de la realidad. El último Bardo se llama Sidpai Bardo o Estado transitorio del renacimiento, que finaliza cuando renace en el mundo humano, en algún otro mundo o en uno de los reinos paradisíacos celestiales, el principio de la conciencia. La gran doctrina de liberación por medio de la visión y la audición se llama Bardo Thödol, que es el estado sugestivo y típico de todas las experiencias después de la muerte. El ser un humano fallecido, pasa a ser el único observador de un asombroso panorama de las visiones alucinatorias. El muerto, si no es un iniciado, cree que todavía tiene un cuerpo de carne y sangre. A partir del momento que entiende que ya, no tiene ese cuerpo, comienza desesperadamente a desear tener uno y a buscarlo, entra en el estado del renacimiento, cuando el incorpóreo, se convierta en carne. Los únicos que pasan directamente al paraíso o se reencarnan en este mundo de manera conciente y con una continuidad ininterrumpida, sin sufrir las alucinaciones de los Bardos, son los yoguis más iluminados.

Afirmaciones de los que pasaron el umbral:

Son muchos los que luego de haber entrado en una muerte clínica, han descubierto el límite espiritual de la vida y la muerte. La mayoría son estudiados por psicólogos y científicos que confirman esos testimonios. Uno de los casos cuenta, que un joven después de haber entrado en un estado de muerte clínica, debido a una insuficiencia renal y mientras los médicos luchaban por reanimarlo, se vio en un instante, parado y moviéndose rápidamente dentro de un espacio oscuro, que no tenía paredes, pero se parecía a un túnel. Cuenta que a pesar de no saber donde iba, ni para qué, sentía que algo importante lo esperaba al final, por eso deseaba llegar. Una vez en el final, ese lugar estaba lleno de luz, y había un hombre muy alto de cabellos rubios, vestido de blanco y que irradiaba, silenciosamente, una sensación de paz y amor.
Otro caso, cuenta la historia de una niña de nueve años que revivió, luego de padecer una muerte temporal por inmersión. Durante el estado espiritual, esta niña, conoce a una señora muy amable llamada Elizabeth, ésta la recibió afectuosamente y conversó con ella y le explicó que al no estar preparada para el mundo espiritual, no era su hora. Por eso, Elizabeth, quien podría ser su ángel de la guarda, le permitió volver a su cuerpo, en el momento justo que el médico terminaba la reanimación. El estudio de algunas de estas experiencias hace que los hombres de ciencia, hayan cambiado su punto de vista, dejando de lado su escepticismo científico, para estudiar profundamente, que ocurre en el momento justo en que se deja el cuerpo.

El camino hacia el más allá:

Los estudios han demostrado que, en el estado de muerte clínica, las experiencias vividas en el otro mundo pasan por distintas etapas. En un primer momento el hombre no se da cuenta de manera inmediata que ha muerto, se da cuenta de esto, recién cuando ve su propio cuerpo tendiendo sin vida bajo de sí y cuando no puede comunicarse con el mundo material, al cual pertenecía minutos antes. Es este el momento justo en que entiende que su alma, ha dejado el cuerpo.
El reconocimiento de su doble, muchas veces, no es inmediato y el alma se resiste a creer que ya pasó al plano astral. Cuando la muerte es instantánea, como en el caso de los accidentes, la separación del cuerpo es súbita. Esta experiencia de falta de comunicación y de doble visión, hacen que el alma entre en un estado de duda, no sabe si esta viviendo un sueño o esta observando la realidad.
Las personas que han pasado por una muerte clínica temporal, han asegurado que todas y cada una de sus capacidades mentales y de sus sentidos, se han conservado intactas. Algunos, inclusive manifestaron que su oído y su vista se agudizaron, que han recordado momentos perdidos, ya que la mente se aclara, y es mucho mas nítido el pensamiento. Otras habiendo perdido sus facultades, sienten que las han recuperado. Hay testimonios de personas ciegas, que aseguran haber visto o a sordos haber oído, durante la muerte clínica. Estos sentidos se vuelven a perder una vez que se recupera el cuerpo. Los datos recopilados por los médicos que han reanimado a estas personas fueron de gran utilidad para los médicos psiquiatras y para los que se encargan de estudiar los procesos químicos-eléctricos del cerebro.
Si bien normalmente la muerte es producto de la enfermedad, del sufrimiento y la agonía, cuando el alma abandona el cuerpo, ya no siente dolor, ni ahogos, percibe pensamientos claros y sus sentidos están calmos. El espíritu se prepara para iniciar una nueva existencia, y se despide de su vida terrenal y de su forma material. Como se mantienen intactos sus sentimientos terrenales, lo único que preocupa es el amor por aquellas personas que se conocieron en vida. La personalidad del individuo llegará al nuevo mundo tal cual salió del viejo, ya que no se producen cambios importantes. El pasaje al mundo espiritual ha sido descrito por las personas que regresaron, como un espacio oscuro, parecido a un túnel. En el final de ese túnel se encuentra un lugar lleno de luz, la luz supraterrenal. Todas las descripciones de las personas que han pasado por estas experiencias, concuerdan con la sensación de pasar por un túnel y por una hermosa conmoción, cuando se alcanza la luz final. Resulta también muy difícil explicar la espectacularidad de esa luz, ya que no es igual a otra y no genera sombras.
A su vez esa luz es considerada como un ángel o como el mismo Jesucristo, por las personas piadosas o creyentes. La comunicación desde esa luz se hace a través del pensamiento, sin emitir palabra alguna.
Si bien la luz concede todo, realiza una especie de demanda hacia el alma, para recordar lo realizado en vida. Por eso las imágenes de las acciones realizadas en la vida terrenal, desde la más tierna infancia, reviviendo y revalorizando toda la existencia sobre la tierra, pasan por delante de los ojos del hombre. Todo esto demuestra porque las personas que pasaron por esta experiencia y han regresado, cambiaron radicalmente sus actitudes frente a las otras personas. Durante esta experiencia, el hombre puede juzgarse a sí mismo, viéndose tal cual es, ya que revé todos sus actos. Aquellas personas que durante su vida hayan hecho actos de maldad y de egoísmo, serán reprendidos por su propia conciencia, sentirán en su propia carne el dolor que han causado y será el principio de su tormento.
Es muy difícil describir ese mundo nuevo al que se ha llegado. Cuentan los que regresaron de él, que no existen las distancias como en este mundo y algunos afirman que se puede ir de un lugar a otro con solo pensarlo. A pesar que muchas veces no se puede contar con palabras este mundo espiritual, algunos relatos los describen como un lugar de prados y colinas, con plantas de vivos colores que no existen en la tierra. Muchas de las personas que mueren, no pueden reconocer que ese cuerpo etéreo son ellos mismos, esto se debe a que el alma no siempre tiene el mismo aspecto que el cuerpo, los adultos pueden verse como si estuvieran en su primera infancia, y los niños pueden verse como adultos. Otras afirmaciones indican, que personas que habían perdido sus miembros a causa de algún accidente o enfermedad, los habían recuperado como seres incorpóreos.
Durante el viaje hacia al más allá, el alma del ser humano se podrá encontrar con los seres queridos que ya hayan abandonado este mundo. Algunos cuentan que después de elevarse, se encontraron con los parientes cercanos, quienes los saludaban y mostraban su felicidad al verlos. Como las almas tienden a atraerse, es común, que en el otro mundo, el alma se encuentre con aquellas que fueron afines. Hay que tener en cuenta que los encuentros de las almas no es considerada como una regla, ya que hay personas que no encontraron a nadie, pero sí, sintieron presencias cercanas.
En ocasiones el recién fallecido tiene la opción de elegir donde quedarse, las que decidieron regresar al mundo terrenal fue porque sintieron la necesidad de terminar algo o de dar algo más a sus seres queridos, algunos de los que estaban deseosos de quedarse, recibieron la orden de no quedarse, pues no estaban listos para ello. Por más deseos de permanecer en ese lugar, una gran fuerza los empujaba fuertemente de regreso. El regreso al cuerpo se produce como un shock en la persona, ya que además de regresar empujados con gran fuerza, dicen sentir mucho frío y pierden todas las percepciones adquiridas. La experiencia del regreso no es traumática, aunque muchos permanecen desmayados durante determinado lapso, más bien, la experiencia otorga paz y seguridad.

¿Que se encuentra el “suicida” después de su muerte?

El suicida es un Espíritu cobarde e ignorante que huye a los compromisos adquiridos en la Espiritualidad, como medio de rescate de su propio pasado; destruyendo un cuerpo que no le pertenece, ya que es una obra de Dios, un instrumento puesto al servicio del hombre para su propio progreso y, huyendo a los compromisos de rescate, lo único que consigue es, agravar sus deudas  con las leyes sabias e inmutables de Dios; teniendo que volver a reencarnar de forma más precaria que la vez anterior, con el fin de saldar las deudas que su propia conciencia le reclama, a fin de hallar la paz que todos anhelamos y necesitamos.
Una vez muerta la persona,se irá encontrando paulatinamente con seis grandes chascos que se podrían resumir de la siguiente manera.
El primer chasco… El suicida al quitarse la vida tenia la idea de  sacarse de encima los problemas con tan cobarde acto,pero resulta que lejos de no sentir nada,se reconoce vivo estando fisicamente muerto,el sufrimiento es mucho peor que antes de suicidarse,se siente solo y deprimido y la locura  comienza a adueñarse de su alma.
El segundo chasco…El suicida según el tipo de asesinato que eligió y los motivos que le desembocaron a ello, sufre un desenlace u otro,siendo el ahorcado, por ejemplo, que padecerá la asfixia constante por falta de oxígeno.
El que se arrojó al agua intencionadamente, sentirá por mucho tiempo, como las aguas penetran e inundan sus pulmones,al mismo tiempo que bracea y patalea en acción refleja, sin conseguir irse a ninguna parte.
Si recurrió a algún veneno o a los barbitúricos,sentirá quemar sus entrañas,mientras desciende por su cuerpo las sustancias de una forma tal, que pedirá a Dios, lo fulmine con el fin de dejar de sufrir.
Si acabó su vida con un tiro en la cabeza, será la bala que va penetrando las capas de su cerebro de forma constante y lenta, percibiendo como va destrozando cada fibra íntima, repercutiendo los dolores agudos al mismo tiempo que la herida no deja de sangrar.
Al que se arrojó a algún vehículo en marcha o a las vías del tren, será la visión de sus carnes despedazadas, las que constantemente le martiricen el cerebro, percibiendo el triturar de sus huesos y el desgarramiento de su cuerpo.
Sea cual sea la forma de suicidio, lo único que encuentra el suicida, es horror y desespero. La vida no se extingue jamás; la persona siente esa sorpresa que no esperaba y padece las más altas cotas de sufrimiento que  parece no tener fin jamas, lo que le aumentará su desesperación.
El tercer chasco…Pasado el largo tiempo de sufrimiento (años enteros sin dormir ni descanso pues el espíritu no tiene necesidades físicas),entra en el ciclo de regeneración del periespiritu en hospitales como los terrestres,pero con médicos que trabajan en la curación del cuerpo astral del paciente,la poca libertad que dispone le permite conocer el deplorable estado en el que se encuentra,el tiempo perdido en una vida desaprovechada,el dolor que aun debe pasar para reparar el error de suicidarse,se siente cansado,sediento,abatido,angustiado,derrotado y comienza a intuir que solo tiene una salida para acabar con semejante cautiverio.(revivir la misma experiencia que le indujo al suicidio)
Cuarto chasco…El ya arrepentido suicida sabe que ha de volver a reencarnar en una experiencia que le lleve exactamente al mismo punto donde tomo la decisión de suicidarse en su anterior encarnación,el temor a  fracasar y tener que volver a experimentar los mismos sufrimientos,es terrible,delirante,la realidad supera la ficción,no existe vocabulario en la lengua que defina el sufrimiento de estas almas al pensar que pueden volver a fracasar y experimentar otra vez semejante pesadilla.
Quinto chasco…Dependiendo del tipo de suicidio elegido,la condición en la que se reencarne variará por el daño hecho al periespíritu que digamos es el cuerpo espiritual,el que se disparó en la sien,probablemente nacerá sordo,el ahogado sufrirá problemas respiratorios,el que tomó veneno padecerá del aparato digestivo,el que se lanzó al tren,minusvalías como perdida de algún brazo o piernas.
Sexto chasco…De nuevo en la tierra enfrentándose a los mismos problemas que le hicieron tomar la decisión de suicidarse,pero en peores condiciones,una vida todavia mas desgraciada,pero sin duda mucho mejor de la que dejó en el mundo espiritual donde los sentimientos son muchísimo mas fuertes puesto que allí no existe el tupido velo de la carne.
Recomiendo enérgicamente la lectura del libro memorias de un suicida,donde se explica de una manera elegante y acertada la propia experiencia de la escritora que en un momento dado también eligió el suicidio como solución a sus problemas.(clik en la imagen para descargar)